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En
el Regionalismo, ninguna posición estética fue
mejor vehículo para el ideario de la cultura escenográfica
que aquel movimiento reivindicaba que la pintura de género
heredera de las kermesses flamencas, sin olvidar el
sentimiento de un paisaje español y castizo propio
del noventayochismo. Encontramos un costumbrismo íntimo
y singular, el retrato, las reinvenciones de la ciudad, y
una pintura sencilla y casi religiosa en algunos de los artistas
de este volumen.
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