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lo largo de los 60 y 70 los realismos adquieren una prestancia
particularmente rica. Realismo de intimidades, que encontramos
en la obra de Gabino, o más expresionista y neofigurativo
en la de Julio Argüelles, Felipe Criado y Enrique Ortiz;
mágica interpretación de los objetos y de los
espacios en Elena Gago (alguien llamó hiperrealismo
a la obra de Rogelio Puente o Jesús Caulonga); o fortalecido
por el onirismo en Alfonso Costa, al igual que en el paisaje
de Quesada y Abreu. Son diferentes maneras de acercarse a
la realidad social del espacio existencial y de la naturaleza.
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