Monet abre el camino a la pintura “al aire libre”, marcando durante decenios las páginas más importantes de la historia del Impresionismo, que llevará a sus últimas consecuencias en las pinturas de los estanques de las ninfas, hasta llegar casi a la abstracción.
Tal vez ningún otro, en la historia del hombre, encarnó como Leonardo el verdadero “genio”. En el corazón del Renacimiento, Leonardo explora en solitario los más diversos campos del arte y de la ciencia.
Piero della Francesca encarna el espíritu del humanismo. La mente, liberada de los vínculos medievales, se vuelve centro del universo construido “a la medida del hombre”. Espacio, luz, color, arquitectura y naturaleza: Piero gobierna magistralmente la imagen.
Desde la formación académica en las provincias españolas de finales del siglo XIX hasta su muerte, pasando por el periodo de las vanguardias parisinas y la explosión del Cubismo, Picasso domina el arte del siglo XX, y sus obras son símbolo del arte y de la cultura contemporáneas.
Desde copista en el Louvre a rey de los fauves: infatigable y paciente, Henri Matisse supo difundir en su pintura la enseñanza de los antiguos maestros y las nuevas sugerencias del arte primitivo africano.
Kandinsky, desde el Blaue Reiter, es uno de los precursores más importantes del arte abstracto, sus pinturas e ideas son una de las experiencias determinantes para la evolución de la pintura contemporánea.
La parábola humana de Rembrandt marca la página más alta y más trágica del “siglo de oro” holandés. Proyectado a la cúspide de la pintura y después precipitado a una ruina imparable, Rembrandt dejó grandes obras memorables, cargadas de humanidad y de emoción.
Sin perder nunca la alegría de la luz y el color, Cézanne no se detiene en la “impresión” e interviene sobre la forma de la naturaleza, remodelándola “con el cubo, con el cilindro y con la esfera”. Recupera el tono solemne del arte clásico, convirtiéndose en modelo para las vanguardias del siglo XX.
En la serena vida artística del París de finales del XIX, estalla la ardiente pintura de un joven holandés. Van Gogh transfiere al lienzo, con pinceladas cargadas de color y de pasión, los tonos ásperos y las emociones de una vida breve pero intensísima.
Gauguin es uno de los pintores más fascinantes de finales del siglo XIX, uno de los pocos que rechazó el París impresionista y alegre. A las dificultades de la vida diaria, Gauguin contrapone la búsqueda sublime de la pureza y la belleza, por las que deja todo y marcha a Tahití.
Renoir nos ofrece algunas de las imágenes más frescas y amables del arte: las diversiones de un París despreocupado. Renoir es uno de los fundadores del Impresionismo. Es la suya, siempre, una pintura en movimiento, que nos regala el rayo resplandeciente de la alegría.
El siglo XVII en España es el siglo de Velázquez, genio del arte, intérprete de una sociedad oprimida entre la corte y la cruda realidad. Su arte es la imagen interior de unos hombres y mujeres llenos de pasiones, con una presencia intensa y directa que los aproxima a nosotros, que los hace eternamente actuales.
Pintor, arquitecto, escritor, Miguel Ángel se sentía sobre todo escultor. Esculpir el bloque de mármol con el cincel, hacer emerger fatigosamente el “concepto”, la idea aprisionada dentro de la materia, expresarse “por afán de elevar”: en esa acción solitaria y tensa se concentra la energía del genio, se aplaca el ansia por el tiempo presente, se llama a las puertas de la inmortalidad.